En estos momentos difíciles que vivimos en los que ser de izquierdas no sólo no está de moda sino que hay a quien le parece un tanto temerario y kamikaze, me gustaría romper una lanza a favor del progreso y de la democracia que durante tanto tiempo estuvieron tan perdidos.Desde hace ya algunos años, nuestro país y el mundo entero viven sumidos en una situación de crisis generalizada resultado de la especulación urbanística y de la poca capacidad de empatía y la mucha ambición desmesurada de las entidades financieras del mundo entero. Se empezó con el golpe de una crisis económica y financiera, aunque en pocos meses ya se hablaba de una crisis de valores propia del sector de población más joven. Se puso en cuestión la calidad y la transparencia del sistema y de la clase política, desembocando todo en una verdadera crisis social generalizada.
A partir de aquí toca, pues, entrar en un período de reflexión y detenernos en pensar hacia dónde vamos, hacia donde debemos dirigir nuestro país. Muchos son de la opinión que valdría la pena dar un giro a la derecha, bajo el supuesto erróneo de que ésta se ha caracterizado siempre por saber estimular la economía en tiempos difíciles. Esta misma opinión sostiene que la izquierda ha sabido aplicar buenas políticas económicas únicamente en tiempos de bonanza económica, cuando de lo que se trataba era de fomentar las políticas distributivas y repartir entre las clases más desfavorecidas.
Estamos de acuerdo en que un viraje es de obligado cumplimento bajo las circunstancias actuales. Pero éste debe ser hacia la izquierda, buscando un mayor y mejor encaje para la igualdad de oportunidades y para el respeto. El nuestro ha sido siempre, y continúa siendo, un país de espíritu socialdemócrata y de convicción progresista. No hay más que apuntar que el partido socialista ha gobernado en España las dos terceras partes del período democrático con el apoyo mayoritario del pueblo catalán en todas las legislativas.
Aunque nuestra experiencia democrática es joven y poco amplia, nuestro ADN, nuestra idiosincrasia, siempre se han visto marcados por la voluntad de mirar hacia delante, la voluntad de trabajar para evolucionar y superar las dificultades que hayan ido apareciendo durante la difícil andadura. Hemos aceptado y encajado los retos más complejos. Somos un país que huye de la confrontación y del conservadurismo, y que busca la excelencia: por eso no podemos quedarnos en la mediocridad, no podemos dejar que en los próximos comicios legislativos la derecha se haga con el poder. Con la derecha, veremos debilitarse el estado del bienestar. La agudización de los recortes sociales hará mucho mayores las diferencias entre clases sociales, lo que irá de la mano de privatizaciones que no favorecerán a todos los ciudadanos de la misma manera. Es decir, que incluso aunque las grandes cifras económicas pudieran indicar lo contrario en el futuro, muchísimas familias con pocos recursos no llegarán a salir de la crisis por culpa de dichas políticas injustas e insolidarias. De la crisis debemos salir con diálogo, con mucho esfuerzo y con la implicación de toda la sociedad. Así es como la experiencia nos dice que debe ser.
Independientemente de cuando sea el momento en que se convoquen las elecciones generales, como ciudadanos, tenemos la obligación todos de recuperar la virtud de la paciencia y de devolver la confianza a la clase política, ya que son los que disponen de los mecanismos necesarios y legítimos para gobernar el barco en beneficio de la sociedad.
Y que quede muy claro: en el caso de que el Partido Popular se hiciese finalmente con el triunfo en las urnas en las próximas elecciones generales, habrá que interpretar dicho resultado más como la consecuencia de un castigo al actual ejecutivo por haber tenido sus horas más bajas al frente del país en una situación económica y social extraordinariamente compleja, que no por una convicción de los ciudadanos españoles en las políticas de corte más liberal.
