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domingo, 23 de octubre de 2011

Frente a la crisis, optimismo atávico

Uno de los fenómenos emocionales que caracteriza a la especie humana es lo que el científico divulgativo Eduard Punset denomina "optimismo atávico." Se trata de una función adaptativa, un mecanismo de defensa que hemos heredado, generación tras generación, y que nos permite superar las dificultades y pensar que siempre vale la pena volverlo a intentar.

Genéticamente estamos programados para luchar contra las adversidades, convenciéndonos siempre de que cuando una puerta se cierra, otra se abrirá. No va con nosotros eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, tenemos tendencia a pensar que el futuro siempre será más fácil.

A lo largo de la evolución de las especies, todos sus miembros han tenido que luchar para lograr la supervivencia, consiguiendo finalmente tirar adelante, con mayor probabilidad, aquellos organismos que mostraban una actitud más positiva. Es por ello que no nos queda más remedio que ser optimistas y mirar hacia delante.

En medio del panorama mundial de crisis generalizada que, día a día, se nos presenta a través de los diversos medios de comunicación, da cierta tranquilidad saber que estamos diseñados para buscar la buena noticia, para comportarnos de forma optimista y así evitar sumirnos en el pesimismo y en el desencanto.

Y las buenas nuevas siempre existen, si tiramos del hilo siempre aparecen. Esta semana, los diferentes medios de comunicación se han hecho eco de varias noticias alentadoras y que invitan a la esperanza, tanto en nuestro territorio como en el resto del estado. Algunas de ellas son las que siguen:

En primer lugar y la más importante es la noticia de que la banda terrorista ETA ha anunciado el cese definitivo de su actividad armada, poniendo punto y final a más de 40 años de asesinatos, secuestros y violencia injustificados y acabando con la vida de 829 personas. El estado de derecho ha derrotado a la barbarie y al terrorismo. La libertad ha pasado por encima de la opresión.

Este paso se ha conseguido sin necesidad de hacer concesiones políticas a la banda y con la unidad y el trabajo tanto de las fuerzas de seguridad del estado como de todas las formaciones políticas de base democrática. Eso sí, se ha conseguido estando al frente del país un ejecutivo que ha trabajado incansablemente para conseguir que la banda cierre definitivamente sus puertas. Aunque la noticia es alentadora, hemos de anteponer la cautela y la prudencia puesto que no es la primera vez que la banda incumple aquello que anuncia. Esperemos que finalmente anuncien su disolución y entreguen las armas definitivamente.

En segundo lugar, hemos sabido que los insurgentes libaneses tomaron el último bastión de resistencia gadafista y, en plena revolución, han acabado con la vida del dictador libio Mohamar El Gadafi. Con esta muerte, la guerra toca a su fin y se proclamará oficialmente la liberación total de Libia. Un oasis de esperanza en un país que ha vivido sumido en la desesperación durante 40 años y que ha visto como la guerra acababa con la vida de una parte importante de la población militar y civil.

En tercer lugar, una noticia no tan contundente como las anteriores pero ciertamente esperanzadora y necesaria para ayudar a la recuperación económica de buena parte del estado español. El corredor ferroviario del mediterráneo se incluirá en la red prioritaria de infraestructuras europeas, lo que supone un cambio en el diseño histórico de los ejes ferroviarios. Esto no quiere decir que el eje central se deponga puesto que para Bruselas también es prioritario.

El próximo ejecutivo que surja, como resultado de las elecciones del 20N, será el que decida a cuál de ellos dar prioridad. Veremos si un posible gobierno del PP apuesta por el eje del mediterráneo favoreciendo a Cataluña por encima de otras comunidades autónomas, tal y como lo ha hecho el gobierno actual.

En cuarto y último lugar, nos ha alegrado la designación de Tarragona como sede de los Juegos Olímpicos del Mediterráneo 2017. Con este nombramiento se abre un hálito de esperanza para poder reactivar los sectores económicos del territorio así como crear nuevos puestos de trabajo que ayuden a disminuir las listas de paro de las oficinas de empleo. Es una oportunidad perfecta para ayudar a que el modelo económico de crecimiento que ha habido hasta ahora empiece a cambiar y se potencien sectores que favorezcan el crecimiento de la economía como el turismo o el comercio.

Esta noticia es de gran interés para los calafellenses puesto que nuestro municipio será subsede de dichos Juegos, acogiendo las especialidades de esgrima, futbol y tenis de mesa; lo que significa la proyección de la marca Calafell por todo el mundo con los beneficios que ello puede suponer para nuestra economía.

Noticas todas ellas que nos muestran que los seres humanos, igual que el resto de las especies animales, hemos aprendido la lección, que no podemos dejarnos vencer, que vale la pena luchar por conseguir un mundo más justo y que lo imposible sólo tarda un poco más.

domingo, 2 de octubre de 2011

Progreso y democracia

En estos momentos difíciles que vivimos en los que ser de izquierdas no sólo no está de moda sino que hay a quien le parece un tanto temerario y kamikaze, me gustaría romper una lanza a favor del progreso y de la democracia que durante tanto tiempo estuvieron tan perdidos.

Desde hace ya algunos años, nuestro país y el mundo entero viven sumidos en una situación de crisis generalizada resultado de la especulación urbanística y de la poca capacidad de empatía y la mucha ambición desmesurada de las entidades financieras del mundo entero. Se empezó con el golpe de una crisis económica y financiera, aunque en pocos meses ya se hablaba de una crisis de valores propia del sector de población más joven. Se puso en cuestión la calidad y la transparencia del sistema y de la clase política, desembocando todo en una verdadera crisis social generalizada.
A partir de aquí toca, pues, entrar en un período de reflexión y detenernos en pensar hacia dónde vamos, hacia donde debemos dirigir nuestro país. Muchos son de la opinión que valdría la pena dar un giro a la derecha, bajo el supuesto erróneo de que ésta se ha caracterizado siempre por saber estimular la economía en tiempos difíciles. Esta misma opinión sostiene que la izquierda ha sabido aplicar buenas políticas económicas únicamente en tiempos de bonanza económica, cuando de lo que se trataba era de fomentar las políticas distributivas y repartir entre las clases más desfavorecidas.

Estamos de acuerdo en que un viraje es de obligado cumplimento bajo las circunstancias actuales. Pero éste debe ser hacia la izquierda, buscando un mayor y mejor encaje para la igualdad de oportunidades y para el respeto. El nuestro ha sido siempre, y continúa siendo, un país de espíritu socialdemócrata y de convicción progresista. No hay más que apuntar que el partido socialista ha gobernado en España las dos terceras partes del período democrático con el apoyo mayoritario del pueblo catalán en todas las legislativas.

Aunque nuestra experiencia democrática es joven y poco amplia, nuestro ADN, nuestra idiosincrasia, siempre se han visto marcados por la voluntad de mirar hacia delante, la voluntad de trabajar para evolucionar y superar las dificultades que hayan ido apareciendo durante la difícil andadura. Hemos aceptado y encajado los retos más complejos. Somos un país que huye de la confrontación y del conservadurismo, y que busca la excelencia: por eso no podemos quedarnos en la mediocridad, no podemos dejar que en los próximos comicios legislativos la derecha se haga con el poder. Con la derecha, veremos debilitarse el estado del bienestar. La agudización de los recortes sociales hará mucho mayores las diferencias entre clases sociales, lo que irá de la mano de privatizaciones que no favorecerán a todos los ciudadanos de la misma manera. Es decir, que incluso aunque las grandes cifras económicas pudieran indicar lo contrario en el futuro, muchísimas familias con pocos recursos no llegarán a salir de la crisis por culpa de dichas políticas injustas e insolidarias. De la crisis debemos salir con diálogo, con mucho esfuerzo y con la implicación de toda la sociedad. Así es como la experiencia nos dice que debe ser.
Independientemente de cuando sea el momento en que se convoquen las elecciones generales, como ciudadanos, tenemos la obligación todos de recuperar la virtud de la paciencia y de devolver la confianza a la clase política, ya que son los que disponen de los mecanismos necesarios y legítimos para gobernar el barco en beneficio de la sociedad.

Y que quede muy claro: en el caso de que el Partido Popular se hiciese finalmente con el triunfo en las urnas en las próximas elecciones generales, habrá que interpretar dicho resultado más como la consecuencia de un castigo al actual ejecutivo por haber tenido sus horas más bajas al frente del país en una situación económica y social extraordinariamente compleja, que no por una convicción de los ciudadanos españoles en las políticas de corte más liberal.