En esta segunda entrega, intentaré aclarar cuál es el ámbito de estudio de la psicología, como ciencia, y para qué sirve. Con ello pretendo conseguir dos objetivos. El primero tendría que ver con el hecho de limpiar la imágen de la ciencia psicológica que, bajo mi criterio, se ha visto manchada por los últimos acontecimientos en la ermita. Y, en segundo lugar, me gustaría que, al acabar de leer este artículo, se tenga claro qué es y qué no es psicología.
A pesar de que el uso de la palabra psicología se remonta a poetas y literatos del siglo XV, la psicología adquiere la categoría de ciencia a finales del siglo XIX de la mano de un filósofo y fisiólogo alemán llamado Wilhelm Wundt, gracias a la creacion del primer laboratorio de psicología experimental. A partir de ese momento, se acuerda universalmente que la psicología es una ciencia que se encarga del estudio de la conducta humana y de los procesos mentales que la sustentan (la memoria, la percepción, la atención, el aprendizaje, etc). También se añade la dimensión afectiva o emocional como parte del estudio de la psicología. Sin embargo, y aquí viene lo que nos interesa, se considera materia de controversia incluir al estudio de la psicología dimensiones como son la moral, lo espiritual, o bien las creencias y prácticas religiosas que conforman la experiencia humana y que, bajo ningún concepto se pueden considerar científicas.
Por tanto, queda claro que la experiencia transpersonal no forma parte del objeto de estudio de la ciencia de la psicología. Pertenece pues a otras áreas de estudio como la meditación, la contemplación o incluso la religión que poco tendrían que ver con la psicología.

